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Descubre el universo literario de Tolmarher

María Pita, A Coruña no se rinde: cuando la historia se escribe desde la muralla

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Hay episodios de la historia que sobreviven a duras penas en los márgenes de los libros escolares. No porque carezcan de grandeza, sino porque incomodan. Porque no encajan bien en los relatos fáciles de héroes invencibles y victorias limpias. La defensa de A Coruña frente a la Contra Armada inglesa en 1589 es uno de ellos.

Con María Pita, A Coruña no se rinde, Tolmarher vuelve a uno de los ejes fundamentales de su obra: rescatar la historia desde abajo, desde la piedra manchada de sangre, desde la mirada de quienes no eligieron ser héroes, pero lo fueron porque no tuvieron alternativa. Esta novela, decimosexto título de la serie Sangre, sudor y hierro, no es solo una recreación histórica rigurosa: es una exploración profunda del miedo, la pérdida y la dignidad.

Una ciudad al final del mundo

A finales del siglo XVI, A Coruña no es una gran capital imperial. Es una ciudad portuaria, expuesta, frontera atlántica de un imperio que se extiende demasiado lejos. Sus murallas existen, pero son vulnerables. Su guarnición es limitada. Su población civil sabe que, si el enemigo desembarca, no habrá escapatoria.

Cuando la flota inglesa aparece en el horizonte —la llamada Contra Armada, enviada por Isabel I tras el fracaso inglés del año anterior—, la guerra deja de ser un rumor lejano y se convierte en presencia física: velas, cañones, humo.

Tolmarher describe este momento con una precisión casi cinematográfica, pero sin artificios. No hay música épica. Hay silencio, cálculo, miedo contenido. Y una certeza compartida: si la ciudad cae, no habrá piedad.

María Pita: una mujer común ante lo irreversible

Uno de los mayores aciertos de la novela es la construcción de María Pita. No como estatua, no como icono previo, sino como persona. Mujer de su tiempo, esposa de un soldado, vecina de A Coruña. Su vida, antes del asedio, no tiene nada de excepcional. Y precisamente por eso, su transformación resulta tan poderosa.

La muerte de su marido, Gregorio de Rocamonde, no es utilizada como recurso melodramático, sino como quiebre psicológico. A partir de ese instante, María ya no actúa movida por la esperanza, sino por la ausencia. Por la conciencia de que ya no queda nada que preservar salvo el honor y la ciudad misma.

En uno de los pasajes más duros de la novela, Tolmarher escribe —sin grandilocuencia— cómo el dolor no la impulsa a gritar, sino a avanzar. A sostener la muralla cuando otros flaquean. A permanecer cuando retirarse sería lo más humano.

Mujeres, pueblo y resistencia

Lejos de centrarse únicamente en el combate, la novela dedica amplio espacio al papel civil en la guerra. Mujeres transportando pólvora, niños llevando agua, vecinos improvisando puestos de socorro. La defensa de A Coruña no es un acto militar puro, sino un esfuerzo colectivo, desordenado y desesperado.

Este enfoque dota al relato de una profundidad poco habitual. La épica no surge del triunfo, sino del aguante. Del hecho de seguir cuando el cuerpo ya no puede más. En ese contexto, la famosa escena de la lanza —cuando María Pita mata al alférez inglés y arenga a los defensores— no se presenta como un gesto legendario aislado, sino como la culminación de una tensión acumulada, humana y social.

Después de la batalla: el silencio

Uno de los tramos más impactantes de la novela no es el combate, sino lo que viene después. El silencio tras la tormenta. El recuento de muertos. Las casas rotas. Las viudas. La ciudad que ha sobrevivido, pero no ha salido indemne.

Tolmarher se detiene ahí con valentía narrativa. No pasa página deprisa. No busca cerrar con un final luminoso. La victoria existe, sí, pero es amarga. Y es en ese espacio donde María Pita deja de ser solo combatiente para convertirse en memoria viva de lo ocurrido.

El reconocimiento real, la pensión vitalicia, los honores… todo llega después. Y la novela se pregunta, sin necesidad de formularlo explícitamente: ¿cuántos sacrificios quedan siempre fuera del papel oficial?

Una novela necesaria

María Pita, A Coruña no se rinde no es una novela cómoda. Tampoco pretende serlo. Es una obra que exige al lector implicarse emocionalmente, aceptar la dureza del pasado y mirar la historia sin filtros románticos.

Para quienes siguen la obra de Tolmarher, este libro refuerza una línea clara: la historia no pertenece a los palacios, sino a quienes sangraron por sostenerlos. Para nuevos lectores, es una puerta de entrada contundente a una forma de narrar donde la épica nace de la verdad humana.

Porque hay victorias que no se celebran.
Se recuerdan.
Y se escriben para que no se olviden.

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