La leyenda de la mora encantada: la novela que convirtió al pueblo de Illana en escenario eterno de un amor imposible
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Hay novelas que se leen, otras que se recuerdan… y algunas, muy pocas, que se transforman en leyenda viva. La leyenda de la mora encantada, publicada en el año 2002 por el escritor Tolmarher, es una de esas pocas obras capaces de dejar huella más allá de sus páginas, de resucitar épocas perdidas y de hacer que el lector camine por paisajes reales, donde aún resuena el eco de los caballeros y los suspiros de princesas malditas.
Inspirada en las tradiciones orales que durante siglos circularon entre los pastores y abuelos de la Alcarria, la novela recupera una de las leyendas más bellas y trágicas de Castilla: la historia de amor entre don Rodrigo de Pastrana y la princesa mora de Iuliana. Un amor nacido bajo la luna, que desafió la guerra, la traición, la muerte… y que terminó convertido en símbolo eterno del alma castellana.
Publicación, presentación y primeras apariciones públicas
La novela vio la luz en el año 2002, en una edición sobria, sin alardes, pero cargada de emoción y autenticidad. Un año más tarde, en 2003, fue presentada oficialmente en la Casa de Castilla-La Mancha y de Guadalajara en Madrid, despertando el interés de los círculos culturales vinculados a la narrativa histórica y al rescate de la tradición oral. Poco después, la Televisión de Castilla-La Mancha dedicaría un reportaje a la novela, y fue entonces cuando el público empezó a descubrir que aquella historia no era una invención sin raíces, sino la cristalización de un relato que, generación tras generación, se había susurrado en las noches de invierno en las tierras de Illana.
Teatro, murales y memoria viva
En el año 2008, la leyenda saltó de las páginas a los escenarios. El propio autor, Tolmarher, adaptó su novela a una obra de teatro que fue representada en el corazón mismo de su leyenda: el pueblo de Illana, la antigua Iuliana del relato. El evento fue recibido con emoción por los vecinos, muchos de los cuales participaron o colaboraron en el montaje. Por unas noches, la plaza del pueblo, las cuevas del Valle de la Vega y los caminos de la ribera del Tajo se poblaron nuevamente de caballeros cristianos, traiciones visigodas, moras encantadas y canciones de amor eterno.
Hoy, en el hotel del pueblo, varias habitaciones lucen murales pintados a mano que representan escenas clave del libro: el canto de la princesa a la luz de la luna, el combate final de don Rodrigo, el doloroso lamento en la cueva del farallón… Los huéspedes que allí se hospedan no sólo descansan: participan, aunque por una noche, de una historia que parece susurrar desde los muros mismos del lugar.
Historia, leyenda y épica
Pero más allá del libro y sus representaciones, lo que La leyenda de la mora encantada logró fue revivir una parte olvidada del alma castellana, la de los territorios de frontera, donde moros y cristianos luchaban a diario, no sólo por la tierra, sino también por el alma del pueblo. En esta novela no hay artificios ni romanticismos dulzones: hay sangre, hay sudor, hay acero templado y lágrimas verdaderas.
Don Rodrigo de Pastrana no es un héroe de cartón. Es un joven caballero que elige el amor por encima de la obediencia, que se enfrenta al poder corrupto de su propio bando, que pierde a sus hermanos de armas en el intento de salvar su nombre… y que finalmente muere por lo único por lo que merece la pena morir: la verdad y el honor.
Y la princesa de Iuliana no es una doncella sin voluntad. Es una figura trágica y luminosa, símbolo de una tierra que aún duele en la memoria: la de al-Ándalus en retirada, la de las hijas del emir convertidas en moneda de cambio, la de las mujeres que fueron encerradas por su belleza y su linaje. Su canto bajo la luna no es sólo un lamento: es resistencia. Es fidelidad. Es la voz de una época que se apagó demasiado pronto.
Una novela para ser leída… y escuchada
Hoy, más de veinte años después de su publicación, la novela se mantiene viva no sólo en papel, sino también en la memoria colectiva del lugar. Hay quien afirma que, en las noches de luna llena, todavía puede verse la silueta de una mujer sentada en el farallón del valle… y que si uno se acerca sin hacer ruido, puede oír su canto, como un susurro perdido entre los olivos. La cueva existe. La roca tallada también. Y la historia, aunque envuelta ya en el velo de lo legendario, tiene raíces tan firmes como las encinas de la Alcarria.
Si aún no has leído esta obra de Tolmarher, te estás perdiendo uno de los relatos más intensos y conmovedores de la ficción histórica castellana. Porque La leyenda de la mora encantada no es sólo un libro: es un testimonio, una canción olvidada, un lamento eterno… y un recuerdo que, como el verdadero amor, nunca muere.
BookTrailer – La Leyenda de la Mora Encantada ✅ Tolmarher















