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Descubre el universo literario de Tolmarher

Los tercios de Castelnuovo: cuando la derrota se convierte en eternidad

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Hay derrotas que pasan sin dejar rastro y victorias que apenas merecen ser recordadas. Pero existen también gestas que, aun nacidas de la derrota, atraviesan los siglos con la fuerza de una llama que no se apaga. Los tercios de Castelnuovo, la decimocuarta novela de la saga Sangre, sudor y hierro de Tolmarher, pertenece a esta última categoría.

No estamos ante una novela bélica convencional. Tampoco ante una simple recreación histórica. Esta obra es un réquiem de hierro, una elegía escrita con sangre, humo y silencio, dedicada a uno de los episodios más extremos y menos comprendidos de la historia militar española: el sitio y caída de Castelnuovo en 1539.

Una historia real llevada hasta sus últimas consecuencias

En Castelnuovo no hubo salvación posible. No hubo refuerzos. No hubo retirada. Cuatro mil hombres del tercio español, al mando del maestre de campo Francisco de Sarmiento, fueron abandonados a su suerte frente a la mayor potencia militar del Mediterráneo: el Imperio otomano de Solimán el Magnífico, con Barbarroja al frente de una marea humana y naval imposible de contener.

Tolmarher no suaviza los hechos ni busca consuelo en la épica hueca. Al contrario: lleva la historia hasta su límite moral y humano. El hambre, la sed, las minas bajo tierra, los asaltos sucesivos, la caída de los capitanes, la muerte del maestre y el último cuadro defensivo son narrados con una crudeza que no busca el morbo, sino la verdad.

Aquí no hay héroes invencibles. Hay hombres agotados que siguen avanzando porque ya no saben hacer otra cosa.

Dos mundos enfrentados

Uno de los grandes aciertos de Los tercios de Castelnuovo es su estructura coral y contrapuesta. La novela no se limita al punto de vista español. Tolmarher construye un espejo histórico entre dos concepciones del poder y del hombre.

Por un lado, la cristiandad imperial de Carlos I, cargada de deber, fe y responsabilidad histórica. Por otro, el mundo otomano de Solimán, brillante, ordenado, temible, sustentado sobre la obediencia absoluta y el sometimiento institucionalizado de los jenízaros.

La grandeza del enemigo no se niega, pero queda expuesta su naturaleza: una maquinaria perfecta que vence, sí, pero que no comprende del todo a aquellos hombres que prefieren morir libres antes que vivir por mandato ajeno. Incluso Barbarroja, vencedor del asedio, acaba reconociendo que ha ganado la plaza, pero no el espíritu de quienes la defendieron.

Sangre, sudor y hierro en estado puro

Esta novela representa la esencia misma de la saga Sangre, sudor y hierro: historia contada sin complejos, sin revisionismos, sin pedir perdón por valorar el sacrificio, el honor y la lealtad. Tolmarher no escribe desde la comodidad del presente, sino desde el respeto profundo por un pasado donde las decisiones tenían consecuencias irreversibles.

Los tercios de Castelnuovo no glorifica la muerte, pero tampoco la rehúye. La presenta como lo que fue: el precio pagado por hombres que entendieron la libertad no como un derecho abstracto, sino como una elección final.

Una novela necesaria

En un tiempo en el que la historia suele diluirse en tópicos o reinterpretarse hasta perder su sentido, esta obra se alza como un acto de memoria. Castelnuovo no fue una victoria militar, pero sí una victoria moral, una de esas que definen el carácter de un pueblo y que explican por qué los tercios españoles fueron temidos y respetados en toda Europa.

Esta decimocuarta entrega de Sangre, sudor y hierro no es solo una novela más dentro de la saga. Es uno de sus pilares. Un libro que no se lee con prisa, que deja poso y que obliga al lector a enfrentarse a una pregunta incómoda y eterna:

¿qué estarías dispuesto a perder para no traicionarte a ti mismo?